La hiperactividad (T.D.A. o T.D.A.H.) es un trastorno de origen neurológico y de transmisión probablemente genética, que afecta al niño desde su nacimiento, manifestándose de forma evidente ya desde los primeros años de vida y que se prolonga hasta la vida adulta.
Afecta a la atención (a la selección focal y sostenida), al control de la actividad, manifestando un exceso de movimientos incontrolados (hiperactividad), y a la capacidad de inhibir o frenar sus pensamientos o comportamientos (impulsividad). Estos tres factores no se dan en todos por igual pero estarán presentes, variando la intensidad en todos los actos de la vida del hiperactivo, incidiendo en su capacidad de aprender (un estilo cognitivo característico) y en sus conductas. Se manifestará, por tanto, en los dos ámbitos en los que fundamentalmente se va a desarrollar el niño hiperactivo: la familia y la escuela.
Los padres y profesores deberán ser sensibles a percibir las anomalías evolutivas que el niño manifiesta para tener una detección precoz que garantice una buena evolución. Los padres que tengan sospechas deben acudir al neurólogo y al psicólogo para que, lo antes posible, se verifique el diagnóstico.
El tratamiento de la hiperactividad supondrá una intervención interdisciplinar. Requiere un tratamiento farmacológico seguido por un neurólogo; un tratamiento psicológico que le ayude a desarrollar su atención, a mejorar su autocontrol y a resolver problemas en su relación, y unos profesores y padres que trabajen al unísono, ofreciendo una situación estimular que construya en positivo el desarrollo de su aprendizaje conductual y cognitivo.
El alumno en función de su evolución personal, de sus características y los déficits que manifieste, precisará un tratamiento de apoyo, escolar o extraescolar, que debe compaginar los distintos aspectos:
- Un entrenamiento que le ayude a manejar sus pensamientos y emociones, ayudándole a encauzar su sentir de manera que consiga un buen autoconcepto y confianza en sí mismo.
- Un tratamiento cognitivo-conductual, que le ayude a percibir y procesar mejor la realidad para que reconstruya su estilo peculiar de aprendizaje. adquiriendo unas pautas ajustadas de comportamiento.
- Entrenamiento en autocontrol, que le ayude a inhibir su impulsividad, tanto física, como cognitiva, e introducir la reflexión previa a la actuación. Pueden ayudar actividades encaminadas a la relajación, al control de la respiración.
- Entrenamiento en habilidades sociales para que consiga manejar la asertividad, adquiera estrategias para solucionar los problemas, progrese en el manejo de la competencia social, desarrolle un espíritu crítico sano y acepte de la autoridad.

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